Convicciones y resultados

. miércoles, 13 de junio de 2007

Respuesta al posteo Dejad que se acerquen a mi.

Por Joan Fontrodona*. MAX Weber clasificaba la conducta humana según dos lógicas opuestas. La ética de la convicción la siguen aquellos que en su acción se guían por determinados principios; la ética de la responsabilidad es la de aquellos que sólo se fijan en las consecuencias de las acciones.

Este tipo de distinciones me han parecido siempre muy poco realistas. No es cierto que haya quien actúe sin importarle los resultados o haya quienes no tengan en cuenta principios. Los de la ética de la responsabilidad también siguen principios, aunque en su caso el único principio que les importa es valorar los resultados; los de la ética de la convicción también tienen en cuenta los resultados, sólo que entre los resultados incluyen la fidelidad a determinados principios.
En la práctica, en nuestras acciones siempre hay una combinación de principios, intenciones y resultados. La realidad se explica mejor cuando se integran todos estos aspectos que cuando se intentan separar para hacer clasificaciones.

Algo parecido sucede con la responsabilidad social de la empresa. Algunos quieren justificarla como una exigencia de determinados principios, valores o convicciones. Otros en cambio le otorgan una función instrumental: la responsabilidad social sirve para mejorar la cuenta de resultados. Evitemos caer en un inútil pedaleo intelectual y hagamos como Alejandro Magno con el problema del nudo gordiano: sacar la espada y cortar la cuerda.

En la realidad las empresas se interesan por la responsabilidad social por motivos muy variados, algunos de carácter más coyuntural (crisis de reputación, imagen, posicionamiento en el mercado, relaciones públicas) y otros de más convicción (compromiso del propio equipo, principios personales o corporativos). Es más, en la mayoría de los casos habrá un mix de motivos. No pasa nada: nosotros tampoco actuamos siempre con una intención perfecta.
Dos ideas, para ser prácticos y no complicarnos con teorías. Una: cualquier motivo que haga que las empresas se interesen por la responsabilidad social es bueno. ¿También por una razón puramente instrumental? Sí, también. Lo importante es que la burra ande, sea grande o no. La segunda, que matiza la primera: aquellas empresas que no lleguen a las razones más profundas y de compromiso, y se queden en una visión puramente instrumental, acabarán desengañándose: para ellas la responsabilidad social habrá sido sólo una moda.

Se trata de caer en la cuenta que el resultado más importante de nuestras acciones pasa en nuestro interior: cuando actúo responsablemente, yo me hago más responsable. Decía Sócrates que es peor cometer injusticias que sufrirlas, porque el que comete injusticias se vuelve injusto. Convicciones y resultados van siempre juntos. Como decía la mística castellana, «al final de la jornada, el que se salva sabe, y el que no, no sabe nada».

*Profesor de Ética Empresarial del IESE. Publicado en ABC.es el 13/6/2007

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