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¿Qué hace más feliz a quien trabaja ante una crisis económica como la actual?

Por F. Xavier Agulló. En los últimos años hemos ido viendo como distintos estudios apuntaban que la calidad de vida iba tomando cada vez mayor relevancia en la felicidad en el puesto de trabajo, incluso en detrimento de otros aspectos como la retribución. Es por ello que que despierta una cierta contradicción el estudio que la compañía de trabajo temporal Randstad ha hecho entre su personal (entiendo que temporal): Siete de cada diez personas creen que el sueldo es el aspecto laboral más importante ante la crisis.

Hemos podido empezar a ver qué cambios vamos a poder ver en la apuesta por la RSC de las compañías, si afectaría en un sentido u en otro la crisis económica que atraviesa Occidente. Pero quizás no nos preguntamos suficientemente si las percepciones de las personas trabajadoras también pueden haber cambiado o estar en camino de hacerlo.

Supongo que por el hecho que el estudio se ha hecho entre personal temporal, una variable como la 'estabilidad' laboral (o flexiseguridad con sus matices) quizás no resulte relevante. Pero tampoco termina de encajarme que el sueldo sea lo más importante (sólo unos pocos puntos por debajo de 'sentirse valorado/a').

Tampoco debemos engañarnos, en las últimas dos décadas la clase media europea y estadounidense han sufrido más que nadie el estancamiento en los salarios. Y tampoco es que haya aumentado tanto la calidad de vida, de hecho muchas previsiones aseguran que quienes estamos ahora entre los 20 y los 40 años viviremos peor, por primera vez en siglos, que nuestra generación anterior.

¿Perderán por ejemplo valor las políticas de conciliación de la vida laboral con la familiar y personal? Reducir las relaciones a una cuestión de 'precio' puede llevarnos a mayor conflictividad laboral e infelicidad.

Es cierto que la clase media ha ido siendo progresivamente despojada de su cuota de riqueza, en favor de los beneficios empresariales y la clase más rica. Pero quizás deberíamos aprender en Occidente a vivir con menos, a valorar de nuevo las pequeñas cosas, aquello que en la infancia es lo más importante, aquello que no dependen, en definitiva, del dinero. Porqué sino, tal y como van las cosas, tendremos una condena firme de infelicidad. Siga leyendo >>>

Regresiones laborales en la era de la RSC

Por F. Xavier Agulló. Qué quieren que les diga, soy hijo de tendero, profesión milenaria. De pequeño nunca tuve a mi padre los sábados en casa, para mi era algo 'normal'. Cuando crecí vi que no era tan normal, y que otros sectores (o sea, otros padres y madres) no trabajaban en sábado. Incluso a mi mismo me costó adaptarme al viernes tarde fiesta cuando entré a trabajar en una empresa hace unos años. Pero en algunos sectores y en Europa, se había convertido en normal estos últimos años.

A pesar de todo ello, el sector del pequeño comercio sigue bajo la presión de abrir más días: en los últimos años son más los domingos que el comercio abre en España. De hecho incluso he llegado a ver publicidad 'turística' de Madrid invitando a visitar la ciudad cuyos comercios nunca cierran (la legislación de horarios laborales del comercio depende de cada comunidad autónoma). Está clara la dicotomía: o alargar los horarios de apertura de comercios para facilitar la conciliación de quienes trabajan todo el día, o limitarlos para facilitar la conciliación de quienes trabajan en el comercio y quieren vivir en familia. Personalmente creo que ya hay suficientes días y horas en las cuales poder acudir a comprar, no es necesario el 24x7. Quiero que otras criaturas puedan ver a su padre o madre el sábado en casa. Pero las grandes superficies presionan, y han logrado su cometido en Madrid, en EEUU, en Francia y, seguramente, en la mayoría de Latinoamérica. Gracias a Dios en mi Cataluña natal todavía hay limitaciones (porqué el sector del comercio es un grupo de presión con una cierta fuerza, y está organizado y es escuchado).

Ahora la UE estudia imponer la jornada laboral semanal de 60 horas (o 65 si hay turnos especiales), pocos años después de que en Francia implantaran (sin éxito, es cierto) la de 35 horas, casi la mitad. A lo largo del s. XX se había conseguido un cierto nivel de mejoría en la calidad de vida de las personas. Parece que el s. XXI no es el siglo de las personas, sino del dinero, bajo el disfraz de la productividad. De hecho, en España la jornada laboral 'real' se acerca a estas 60 horas, y en cambio somos el país europeo con menor productividad laboral. Parecía que nos estábamos alejando a fines del s. XX de los manhattanianos años 80, la década del yuppismo. Pero entonces se hacía por voluntad propia, ahora incluso por ley.

Y a pesar de todo ello, en esos años 80 y principios de los 90 todavía era posible recibir un sueldo digno por el trabajo: recuerdo como en mi primer trabajo de oficina cobraba 900 €. En la misma entidad financiera, 18 años después se cobra lo mismo o poco más.

No puedo más que alegrarme por iniciativas como las del colectivo periodista (Periodistas piden que las convocatorias de prensa sean "siempre" antes de las 18 horas), su rol como eje transmisor es importante. Pero no sé porqué me parece que es flor efímera.

Estamos en regresión, en regresión en plena era de la RSC.
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Los principios del comercio justo en la escala agro-ganadera

Por Martín R. Santos. Argentina está ceñida, desde hace ya un par de meses, en una discusión que en la voz de la gente se reduce a “Gobierno versus campo”.
Ese reduccionismo no achica el problema, pues coloca en el cuadrilátero, por un lado, a la estructura de poder con mayor legitimidad en los últimos diez años, representada por la presidenta Cristina Fernández y por su marido, el ex presidente Néstor Kirchner; y por otro, al sector económico más influyente en la historia del país, el mismo que lo colocó hace sesenta años entre uno de los más prósperos por exportar alimentos cuando la guerra y el hambre arremetían en Europa.
El tema es que esa discusión sobre las altas retenciones (móviles, de acuerdo al precio del mercado) a las exportaciones de soja ha repercutido y mucho, no sólo sobre la economía sectorial, sino también sobre el derecho de trabajo de quienes, sin comerla ni beberla, han sufrido perjuicios por el block out del sector agrícola ganadero, que cortó las rutas más importantes de Argentina durante semanas.
Uno de las áreas afectadas fue la del transporte (cuyo poder patronal es también inmenso), cuyos representantes han decido protestar contra la protesta. ¿Y qué medio eligieron? El mismo; el corte de rutas a nivel nacional. Suena tan ilógico que parece mentira: “cortamos las rutas porque si siguen cortando las rutas no podemos trabajar>>>

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Huelga teñida de negro

Por Rosa Alonso.

El derecho a huelga es un derecho adquirido con el tiempo, el esfuerzo y el trabajo de miles de personas en el mundo desarrollado. Este derecho representa valores como la solidaridad, la justicia o el compromiso. Valores en decadencia a la sociedad de hoy en día.

Normalmente las situaciones de este tipo se ven contaminadas por palabras cruzadas de varias instituciones o los conflictos entre grupos civiles de diferente calado.

Este año la huelga del transporte ha sido excelente. Excelente organización, excelente comportamiento, acierto en la oportunidad, acierto en el momento, el tiempo y el comportamiento. A pesar de que hay quien radicaliza posturas, por norma general ha sido seguida por uno % elevadísimo de personal de transporte, además de contar con un seguimiento mediático total o hacer llegar a la población la desazón del sector. Esta huelga no sólo ha servido por hacer valer los requerimientos del sector del transporte. Se ha sabido trasladar estas necesidades a la población general. Y esto es todo un acierto.

Pese a esta felicitación rotunda, quiero condenar el presunto asesinato del miembro de un piquete. El trabajo de los piquetes es algo que normalmente no se entiende como habría de entenderse. Quizá por que los sindicatos tampoco han sabido hacerlo. Los piquetes son personas que se autoimplican para conseguir que los demás entiendan y compartan los motivos de la huelga. Personas que creen que la unión es la fuerza. Son personas que saben que si la huelga se sigue por todo el mundo, las consecuencias fuerzan a las partes negociadoras. Son personas que se están todos los días llueva, nieve o con sol de justicia bregando con quien no entiende los valores de la huelga. Os recuerdo estos valores: solidaridad, justicia y compromiso.

Esto debería ser más que suficiente para entender que quien forma parte de un piquete lo hace no porque no quiera trabajar, lo hace porque quiere trabajar en mejores condiciones. Y esto no lo digo yo, lo dijo Francesc Layret.
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Boicotear o no a China

Por F. Xavier Agulló. En nuestras manos está, de nadie más, el exigir al gobierno chino el final de las prácticas constantes contra los derechos humanos en este país, desde el acoso a minorías como las uigur y tibetana hasta el poco respeto de los derechos laborales básicos, la sostenibilidad o la salud y seguridad de los productos (recordar casos Reebok, Mattel, etc.).

Son varias las empresas patrocinadoras de los juegos olímpicos de Beijing que empiezan a replantearse la inversión en términos de imagen reputacional. Patrocinar los JJOO de Beijing tiene riesgo. Imagino que poco puede aportar a la imagen corporativa de las patrocinadoras su inversión. Dado que la clase política hace oídos sordos y que la sociedad sigue consumiendo por doquier productos con origen chino, ¿será a través del replanteamiento del patrocinio que podremos sacar algo positivo de estos JJOO?

El régimen dictatorial chino intenta utilizar los JJOO para 'lavar' su imagen. Hagamos que los JJOO sirvan para cambiar algo de verdad en este país tan lleno de irresponsabilidades. Siga leyendo >>>

Empleos verdes: el trabajo a favor de la ecología

Por Leticia Rebeca Gasca. En varios países se distinguen mediante colores a los diversos sectores laborales. Por ejemplo, se denomina de “cuello blanco” a las personas que reciben un empleo asalariado y por lo general laboran en una oficina. El término “cuello azul” implica mano de obra. Y ahora ha surgido un tercer sector de “cuello verde” ó “green collar jobs”.
Se trata de actividades relacionadas con aquellos productos y servicios que no dañen ó protejan el medio ambiente. Cualquier organización que trata de mejorar el medio ambiente se considera "verde" y de forma natural han creado puestos de trabajo en los que se incluye la creación, fabricación, instalación, funcionamiento y mantenimiento de las fuentes de energía renovables y tecnologías de eficiencia energética.
El sector de cuello verde está en auge y es actualmente el quinto mercado en los Estados Unidos.

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Transformando el Entorno

Por Alexandra Millán.

Feliz 2008!!!! A quienes visitan Blog Responsable y muy especialmente la edición Venezuela, para mi, seguirá siendo una gran oportunidad comunicarme desde este espacio de opinión con ustedes donde semana tras semana compartimos información de actualidad empresarial dentro del marco de la Responsabilidad Social Interna.

Si, tal y como lo dice el enunciado, este será un año de transformaciones organizacionales, pensamos que las mismas se darán desde el enfoque de la actitud del ser humano con el profundo convencimiento de que el aporte personal cada vez posee un valor trascendente para las empresas.

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Empresolíticos

Por Juanjo Martí. El ex-ministro Josep Piqué de industria durante el gobierno de Jose María Aznar ha sido nombrado presidente de la compañía aerea Vueling

Política y empresariado han ido durante siglos de la mano, del feudalismo a la nobleza monárquica, hacia la burguesía. Es un hecho que tiene como máximo exponente a principios de este siglo el nombramiento de Gerhard Schröder (ex-presidente alemán) como gerente del consorcio de gas ruso Gaszprom; momento cúlmine tras seguidas acciones políticas en favor de Rusia y sus relaciones con la Unión Europea.

El mundo de la política como trampolín al mundo empresarial y a la inversa crea un coto de poder reducido a un escaso porcentaje de la población mundial, como es bien sabido aunque parece que ignorado motivo por el cual este nuevo post.

En un momento donde a nivel español se observan tendencias que marcan nuevamente un brecha salarial en la que la clase media o sube o baja, tenemos también una profesionalización del tercer sector; esperemos que este cambio pueda constituirse en un stakeholder que permita contrarrestar este crecimiento de las diferencias sociales. Siga leyendo >>>

Experimentando el mileurismo

Por Juanjo Martí. En "Diario de Mallorca" leo esta mañana la siguiente noticia "Un empresario italiano sube el sueldo a sus empleados tras vivir como mileurista"

El empresario italiano Enzo Rossi, de 42 años, ha decidido subir el sueldo de su personal en doscientos euros netos al mes después de haber intentado vivir son su salario y llegar sólo hasta el día 20, después de haber pagado las facturas del agua, el gas, el seguro del automóvil y haber tenido cuidado en el gasto cotidiano. "Eso significa que en un año entero habría estado sin dinero durante 120 días al año; eso no sólo es pobreza, es también desesperación", afirma.

El empresario se asignó un sueldo de mil euros para sí y otros mil para su mujer, que también trabaja en la sociedad, aunque reconoce que esos dos mil euros de ingresos son superiores, incluso, a los que tienen algunas de las familias de su personal.

El empresario explica que decidió hacer la experiencia porque "estamos volviendo al siglo XIX cuando en mi pueblo había condes y barones, por un lado, y aparceros, por el otro, y se decía que los cerdos nacían sin piernas porque los jamones debían ir a los señores".

Concluye la nota de prensa explicando el empresario que en los dos últimos años los beneficios de su empresa han ido bien y, por tanto, "no es justo que el único en disfrutarlos sea yo".

La economía española se ha situado en unos niveles que nos permiten suponer que el ejemplo dado por este empresario italiano podría ser imitado por alguien más en nuestro país, no simplemente en materia salarial sino en el cada vez más incidente tema de conciliación familiar.

Difundamos el ejemplo abriendo un debate reflexivo sobre si es necesario experimentar para comprender y mejorar.
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Campaña de recogida de ideas para frenar la explotación

Por Cristina Almirall. Hace días que pienso en si podríamos resolver esta situación. Y aunque de primera mano a mucha gente le suene utópico e iluso, creo que es importante decirles que esta situación podría tener solución porque ante esta situación tenemos elección.

Cuando cojan el coche esta mañana fíjense en la rueda de su coche y piensen en que hace tiempo las grandes marcas de ruedas del mundo estuvieron a punto de firmar un código de conducta y fijar unas condiciones mínimas de compra de la materia primera con la que se fabrican las ruedas: el caucho.
Pero esta situación no llegó jamás porque una de ellas decidió ir por libre y comprar en un país que le ofrecía condiciones de venta del caucho más baratas, provocando que las demás compañías hicieran lo mismo y que un padre de familia que recogía caucho en Brasil, se desesperara viendo que cada vez tenía menos para darle a su familia.

Hoy, ya lo han oído muchas veces, hay millones de personas cuyas vidas deconocemos que sufren las consecuencias devastadoras de la globalización.

Les propongo que me den ideas para poder hacer de este nuestro país un lugar donde toda la ciudadanía tenga cabida y donde reine por encima de todo el lema: “PRIMERO EL RESPETO Y LUEGO EL RESTO”.

Las empresas transnacionales, los gobiernos y nosotros/as tenemos la obligación de contribuir a frenar esta situación de explotación puesto somos responsables de garantizar el respecto de los derechos humanos y laborales en todos los eslabones de la cadena de producción.
Las empresas transnacionales deben dotarse de Departamentos de Responsabilidad Social Corporativa y tener códigos de conducta de obligado cumplimiento a disposición del público
Quien consuma y sepa que un producto fue realizado en condiciones de explotación no debería comprarlo.
Debemos exigir, calidad, precio e información transparente.
Las leyes podrían exigir etiquetados transparentes donde conste información al respeto del origen o al proceso de fabricación y las condiciones de trabajo bajo las cuales se produce el producto.
Se puede exigir a las marcas el cumplimiento de los derechos laborales eliminando la precariedad del personal en las cadenas de producción de ropa.
Se puede presionar a los y las responsables a adoptar medidas correctoras.
Las empresas pueden forzar el respeto a las condiciones laborales participando activamente en auditorias serias e independientes que verifiquen el cumplimiento de los códigos de conducta.

Crear un sistema de auditorías para controlar las condiciones laborales.

Las empresas pueden promover la existencia de sindicatos, pagar salarios dignos, que permitan subsistir a las personas trabajadoras y a sus familias, y destinar una parte de los beneficios de las empresas para educación en los países donde se ubican las fábricas, adoptando así prácticas de compra que sean compatibles con el cumplimiento de sus códigos de conducta
En las compras debe exigirse el cumplimiento de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) .

Es necesario fomentar la introducción de prácticas de Responsabilidad Social Corporativa en las empresas y que éstas incorporen valores como la ética y la transparencia en las estrategias de negocio.

Debe potenciarse la creación de comités de empresa transnacionales y de agencias independientes que velen por el cumplimiento de los derechos humanos.

Debe informarse a quienes consumen que miren más allá de las marcas y conozcan qué es lo que no se está diciendo las etiquetas.

Continuar desarrollando campañas en contra de la poca tranparencia pidiendo explicaciones públicas al respeto.

Movilizar a los y las clientas de las marcas, por ejemplo, recogiendo firmas.

Las empresas pueden exigir el cumplimiento de los códigos de conducta, imponiendo condiciones a su proveeduría y estableciéndole cláusulas sociales, éticas y medioambientales.

Introducir en los acuerdos comerciales normas laborales, sociales y medioambientales y si fuere necesario, hacerlas cumplir bajo pena de sanciones económicas.

Incluir en la agenda de la responsabilidad social corporativa la necesidad de elevar la conciencia sobre las convenciones internacionales y acuerdos relacionados con el tema laboral, ambiental y de derechos humanos, así como comprometerse a realizar prácticas socialmente responsables de comercialización.

Promover el Comercio Justo y la economía social.

Reclamar el compromiso de las compañías multinacionales para el cumplimiento de los derechos humanos básicos y los estándares ambientales en todas sus prácticas empresariales fomentando el desarrollo de memorias de responsabilidad social donde se comprometan a trabajar con unos mínimos requisitos de producción, donde destaque el respeto a los derechos humanos fundamentales internacionalmente declarados, el apoyo a la libertad de afiliación, el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación laboral y la eliminación de toda forma de trabajo forzoso y obligatorio o de trabajo infantil.

Defender un comercio que permita una remuneración y unas condiciones dignas y que respete los Convenios de la OIT tales como la abolición del trabajo forzoso, ausencia de discriminación, edad mínima para el trabajo, protección del derecho de sindicación y de negociación colectiva.

Realizar campañas que pretendan mejorar las condiciones laborales de las personas que trabajan en algunos sectores de actividad en todo el mundo.
Promover un consumo responsable entre el consumo, impulsar políticas de responsabilidad social entre fabricantes y distribuidoras de ropa, así como poner en marcha iniciativas legales que velen por los derechos fundamentales de las personas que fabrican la ropa en todo el mundo.
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Oferta: Moda y complementos de explotación

Por Cristina Almirall. Lo primero que he hecho justo después de comprarme unos pantalones tejanos es introducir mis manos en los bolsillos para comprobar si estaba la carta que escribe una trabajadora de una fábrica de tejanos china para hacer saber a quien la encuentre que los tejanos no fueron “made in China” sino “hechos por Jasmine y sus compañeras”. Este hecho ocurre en el documental China Blue en el que las cámaras de un equipo se adentran en la vida de una fábrica de tejanos. El documental no deja indiferente a nadie que tenga un poco de sensibilidad, porque es realidad y no ficción y porque en él una de sus trabajadoras, Jasmine, nos cuenta sus experiencias.
Jasmine lleva un diario, y es inocente pero a la vez impropiamente madura para su edad y creo que si no fuera por la suerte que le ha tocado vivir, quizás ahora estaría estudiando y sería una buena escritora.
Desde que ví el documental no puedo dejar de mirarme al espejo todas las mañanas preguntándome si es necesario que mi identidad occidental se haga explotando a las personas.
Lo cierto es que últimamente me fijo más en las etiquetas para conocer el país de procedencia de la ropa. Y he pensado que me gustaría poder disponer de etiquetas donde se me garantiza que las prendas han sido hechas en condiciones justas. En este caso no me importaría pagar más por la ropa que visto. Por qué, díganme, ¿creen que es necesario que nuestros vestidos compren exclavitud? Contéstenme, ¿Por qué piensan que no tenemos información transparente para decidir si compramos o no aquello que nos gusta? ¿O por qué se permite que las empreas sean temerariamente irresponsables?
Sepan que muchas de las marcas que me atraen y que me lanzan continuamente mensajes publictarios “tentadores” creen que nuestra ropa debe vulnerar los derechos humanos, porque hace tiempo tienen como lema: “primero el dinero y luego el resto”.
Lo que está claro es que mi armario, aunque no me guste, ha perdido hace tiempo la inocencia y contribuye a desvanecer las ilusiones y los derechos de la mayoría de personas, adolescentes y criaturas, que trabajan sin papeles, sin contrato, sin horarios, con sueldos absolutamente precarios, no sólo en China sino también en muchas de las fábricas que hay alrededor del mundo.
Nuestro mercado, sí, aunque no nos guste paga esclavitud, y permite que las grandes multinacionales del textil y la confección dispongan de una “laxitud paradisiaca” que les permite externalizar la producción, contratando a proveedoras en países empobrecidos de Asia, América Latina, Europa del Este y África, que a su vez subcontratan a empresas, muchas de las cuales operan con talleres de economía informal y utilizan el trabajo a domicilio para sacar la producción en los plazos, cada vez más cortos, que lógicamente exigen las marcas para poder tener sus escaparates a la moda.
Pero no caigan en el error de pensar que el precio de nuestra ropa garantiza que ésta haya sido hecha en condiciones adecuadas. Que va. Esto implica simplemente un mayor margen para el que consigue comprar a menor coste.
En éste nuestro sistema globalizado los gobiernos permiten que compremos a países con sistemas políticos dicatatoriales y corruptos, que vulneran los derechos fundamentales, y se permite a las grandes empresas transnacionales que hagan que nuestro dinero apoye, con conocimiento o no, una moda explotadora que hace que algunas personas tengan mucho pero que muchas más personas tengan cada vez menos.
Es así como con tanta permisividad se va incrustando de un modo atroz un sistema injusto y desigual en el que los paises empobrecidos, que cuentan con mano de obra excesiva, ofrecen mano de obra barata como si ésta fuera “ganado”, y acaban vendiéndose a precios escandalosamente bajos saltándose impunemente y para competir los derechos humanos. Por ejemplo, en la fábrica donde trabaja Jasmine se paga a 3 euros el tejano.

Sepan que el sistema comercial es tan injusto y excluyente que para que las grandes marcas, muchas fábricas sobreviven en el mercado gracias a que imponen en su personal condiciones absolutamente abusivas y que sin ellas no podrían competir.

Hoy el sector del textil se traduce en una carrera en que la máxima es el margen de beneficios y la reducción de costes de producción y luego lo demás. Y así se consiente que las grandes multinacionales de la moda trasladen parte de su producción a países donde pueden exigir condiciones de entrega del producto y de precio impensables, que hace que el personal tenga horarios de más de 24 horas.
En estos países las personas son invisibles, auténticas olvidadas. Y está pasando hoy y ahora en China que las empresas que tanto me tienen lavado el cerebro compran la ropa en fábricas aún sabiendo que allí se vulneran los derechos de los trabajadores y trabajadoras y que éstos no tienen contrato, ni derechos de sindicación, ni cobertura social y que además, cobran auténticas miserias, y malviven en condiciones pauperimísimas.

Pero aún pisoteando los derechos de las personas, fíjense, dichas empresas son tratadas como reinas aquí y allí y pueden promover la explotación, y tener derecho además a recibir incentivos fiscales sin igual, a beneficiarse de una legislación más flexible y a poder obtener unos costes de producción muy beneficiosos para sus intereses.

Y mientras todo esto ocurre la guerra por los márgenes y los beneficios hace que yo me vista a la moda, y que Jasmine y sus compañeras vayan perdiendo su inocencia, viviendo cada día en unas instalaciones sucias e indignas donde las condiciones de vida, la alimentación, la seguridad, la higiene y la sanidad son del todo dudosas.

Porque para que nos vistamos hoy muchas personas pierden su alegría y esperanza en horarios lánguidos y estirados y con salarios de entre 30 y 70 euros al mes, a veces incluso con retrasos. Sus horas extraordinarias no son remuneradas y este año Jasmine no ha pasado las Navidades en casa con su familia porque no podía permitírselo. Su primer salario se lo quedó la empresa en depósito. Ella que creyó que la fábrica era una oportunidad para mejorar su condición de vida y la de su familia, ella valiente, que tuvo la madurez de irse del campo y dejar a su familia, ahora tiene trabajo, pero poco a poco, se va desanimando porque sabe que el trabajo se ha convertido más en una pesadilla que en un sueño y no saldrá de pobre.
Jasmine, cada vez escribe menos, porque cada vez está más cansada y tiene menos tiempo.
¿Qué será ahora de Jasmine y sus compañeras? ¿ Qué será ahora de los millones de personas que trabajan explotadas y sin futuro?
¿Y de los y las responsables de una de las grandes marcas que compran en la fábrica comprando explotación? ¿Y de nosotros y nosotras?
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El código ético debe obligar a la empresa, pero también a quienes en ella trabajan

Por F. Xavier Agulló. En los últimos años se habló mucho de regulación o legislación de la responsabilidad social, lo cual no deja de ser un paradoja sin sentido (si definimos la RSC como aquello que se haga más allá de mínimos legales...). En Europa no parece que hay una postura clara al respecto, pero algunas medidas como la directiva que fija la necesidad de introducir cláusulas sociales en la compra van en buen camino.

En otro sentido, incluso las propias centrales obreras han abandonado el cansino discurso regulatorio, pero no en lo referente a la transparencia y comunicación, y veo en ello una dosis interesante de realismo. Si las organizaciones (no sólo empresariales) hacen algo en RSC y lo comunican, deben existir mecanismos para asegurar que lo cumplen y es real.

Un código ético cumple muchas funciones, tanto internas como externas, como comenté en un posteo anterior (El Código Ético: mi primer planisferio celeste ). Pero entre otros aspectos, debe llegar a un nivel de detalle suficiente como para orientar a públicos externos y especialmente internos en la relación de la empresa con cada grupo de interés. Los sindicatos defienden en este sentido la posición de que si una empresa publica ("publicita" diría otra gente) un código ético, ello debería obligar, incluso ante el juzgado llegado el caso.

No tengo nada que objetar a ello, más allá de un discurso demasiado guerrero. Pero en cualquier caso, si la empresa asume una serie de valores, éstos se traducen en ciertas políticas hacia, por ejemplo, el personal de la empresa. Ello obliga pues, ni que sea moralmente, la empresa.

Pero un código ético no es, o no debería ser, un documento unidireccional. Me gusta incluir en los códigos de conducta, al lado de los deberes de la empresa para con el personal, también aquellos que tienen las personas que en la empresa trabajan hacia la empresa.

Porque los compromisos no pueden ser unidireccionales. Porque cuando el empresariado se queja a veces de que cuanto más da a su gente, más pide ésta (normal, por naturaleza humana) y menos se lo agradece (no tan normal, por maldad humana), pues parece que las ventajas acaban convirtiéndose en obligaciones 'legales'.

Es cierto que la empresa debe ser capaz de poner siempre en valor las ventajas otorgadas vía comunicación interna, pero también es cierto que algún tipo de obligaciones debería asumir la plantilla para con la empresa, en el mismo código ético.

Lógicamente ello implica ineludiblemente que el código, o al menos la parte que obliga al personal, debe ser aprobado por éste y haberse elaborado de forma participativa. También es buena idea que cuando se produce una incorporación de una nueva persona, al igual que se firma el contrato de trabajo también se firme el código ético de la compañía.

Las personas que trabajan en una empresa deben comprometerse tanto con la empresa como ésta con aquéllas.

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Comunicación responsable a lo interno de las empresas

Por Mirna Isabel Rivera. Este ensayo tiene como objetivo explorar la importancia de la comunicación a lo interno de las empresas, para fortalecer las habilidades directivas y lograr estar en consonancia con los nuevos tiempos que promulgan por la equidad laboral y el respeto por los derechos humanos.

Es notable como el concepto de empresa evoluciona de acuerdo a la situación socio-económica de la época en que se desarrolla y su influencia puede ser negativa o positiva para la sociedad.

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Muérase, por favor

Versió en català

Por Rosa Alonso. Hace unos días me encontraba yo abriendo con el correo una carta publicitaria de una mutua de seguros privada. Anunciaba el trabajo que realiza su fundación privada en I+D. Recordé que un gran amigo trabajaba en aquella empresa. Y se había ido.

Leí con entusiasmo la cantidad presupuestaria que destinarían a proyectos científicos y que ayudarían al desarrollo de la humanidad.
Y me acordé de una frase que pronunció mi amigo en tono irónico en una situación de vida o muerte sin los recursos humanos necesarios : “Sólo me quedaba decir: Muérase, por favor”.

El problema de esa publicidad es que yo conocía la situación interna de esa empresa y traté la información desde el punto de vista más contraproducente que pretendían.
Pensé, ¿cómo puede tolerarse que se produzcan fraudes de contratación en empresas tan sensibles a las negligencias?, ¿cómo se pueden tolerar jornadas maratonianas individuales en unidades de cuidados intensivos?, ¿cómo se pueden tolerar situaciones de “infarto” con salarios irrisorios?

Sé que en España gozamos de un buen sistema sanitario público. Uno de los mejores. Pero quedaría por analizar el sistema sanitario privado. ¿Qué responsabilidad le pedimos? Por mi parte, empezaría aconsejándoles que se fijen en su gente. Su gente, maravillosos profesionales, les abandonan.
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El Barça le da plantón a Mandela

Por Cristina Almirall. Que me perdonen los del género masculino porque hoy hablaré de fútbol. Entender no entiendo de fútbol, al menos esto me repiten continuamente quienes se invisten como gente experta cada vez que me oyen decir algún comentario al respeto. La tentación vive arriba, porque como no hay día que no se hable de fútbol, la verdad es que una es influenciable.

Al día siguiente de quedar segundos en la liga se me ocurrió decir impulsivamente !Vaya, qué pena, perdimos la liga en 10 minutos¡ me estuvo bien merecido el comentario, por no aprender ¡qué dices, la perdimos antes, con los errores garrafales, la inconstancia, y la vagancia que han demostrado a lo largo de toda la jornada! Alucinar, sí que alucino con el fanatismo que despierta el fútbol y los comentarios intransigentes y críticos que aspiran a la perfección, porque arguyen que a los futbolistas se les paga mucho y que por esta razón no pueden fallar; pero bueno, yo, entender, no entiendo de fútbol. Ya lo he avisado al principio.
Y a pesar de ello, los días antes del final de la liga, ciertos comentarios han conseguido herir “sorprendentemente” mi sensibilidad: ¡El Fútbol Club Barcelona no se merece ganar, porque no se puede no dar ni golpe toda la temporada y esperar que otro equipo pierda¡ Y también escuché: ¡si no ganan les irá bien: de escarmiento¡
Una cosa tengo clara, con el fútbol la polémica está servida, en plato caliente, porque no sé que tiene el “tema” pero siempre caldea ambientes, y hasta a veces los quema. Y así las cosas, a pesar de no entender de fútbol, e irremediablemente sintiéndome los colores del Barça, y también algo triste por haber perdido la liga, me encontraba yo al día siguiente, en pleno proceso de recuperación, camino de la resignación, convenciéndome de que lo importante es participar. Y de repente, mi salvador, el Presidente Joan Laporta, me hace una confesión íntimamente televisiva. Les seré sincera, me cayó como agua bendita y algo me animé. “A partir de ahora pedirá más disciplina y compromiso a los jugadores, y se aplicará con mayor rigor el código de conducta interno”. Bueno, no estuvieron mal mis cinco minutos de gloria. Porque sepan que de momento el Barça ni asomo de esta actitud, porque en el código se establece, entre otras muchas cosas, que tiene que asistir obligatoriamente a los actos del Club. Pero “ mi gloria en un pozo”. Al tercer día, con el café de la mañana, casi me atraganto al leer en el periódico que 5 de 20 jugadores y algún miembro del directivo habían asistido a su cita a la Casa Mandela en Johannesburgo, sede como sabrán, de la Fundación Nelson Mandela, para encontrarse con el que fue el primer presidente de Sudáfrica elegido por medios democráticos y bajo sufragio universal. Antes fue un activista declarado contra el apartheid, y ello pese a estar encarcelado durante 27 años de su vida. Mandela, como Gandhi siempre usó métodos no violentos y en 1993 le otorgaron el Nobel de la Paz.

A la cita, asistieron pues 5 jugadores, porque los demás se quedaron a jugar en el Hotel a cartas o a la play y le dieron, eso sí, un buen plantón a Mandela! ¿Saben los 15 jugadores que a una cantidad importante de la afición del Barça le encantaría haber podido tener la oportunidad de encajar en la agenda de Mandela? Qué falta de decoro, y de todo, porque desde que el Barça empezó a lucir la camiseta con logo de UNICEF se comprometió a apoyar los programas de UNICEF en favor de los niños y niñas del mundo y a defender sus derechos y participando en una serie de iniciativas solidarias para luchar por los derechos fundamentales de la infancia. Posicionando, entonces, al Barça en el mundo, como algo más que un club: un club solidario, humanitario. Eso dijeron en su día.

A la cita asistieron Iniesta, Thuram, Belletti, Gio y Oleguer y algún miembro del equipo directivo, quienes, eso sí, le entregaron una camiseta a Mandela. Y yo me pregunto, si Mandela me invita a una cita. ¡Buf! ¡Cómo decir que no¡ Cómo se le puede dar plantón a un tipo así! Chocar choca. Declaradamente yo me esperaba otra actitud de mí Club, porque alineado el Barça como está con las causas humanitarias, y siendo consciente como es de que es un referente a seguir (para muestra un botón: cuando mueve un dedo la montaña de Mahoma se acerca a sus pies) creo que me ha dolido más su actitud con Mandela que pierdan la liga.
En mi opinión, el Barça necesita integrar distintas prácticas y acciones alineadas con los principios de la Responsabilidad Social Corporativa y de la sostenibilidad, desarrollando un sistema de gestión de la RSC Integral y Real. Necesita hacer una reflexión interna para conocer la situación de la RSC, teniendo en cuenta las necesidades de sus grupos de interés y procurando cuidar sus expectativas, manteniendo con todos ellos un diálogo abierto. Con su afición socia o no, con su personal, con su proveeduría, competencia, con la comunidad en general para lograr por supuesto generar con todos ellos relaciones de confianza, y propici