Gestos olvidados

. jueves, 8 de enero de 2009

Por Oscar Chamat. Usted lleva alzado a su bebé recién nacido. Después de mucho esperar llega el autobús que lo debe llevar a la casa. Mientras se sube, quienes ahí están lo miran con esa mirada de solidaridad y ternura que despiertan los bebés. Mientras la gente lo mira, usted con la mirada busca asiento -los brazos los tiene cansados y tiene miedo de caerse- pero no encuentra a primera vista. Decide quedarse de pie a un lado del pasillo para así molestar menos e ir con mayor seguridad. Un pasajero al ver la cara del bebé durmiendo y su cara de cierto cansancio, decide preguntarle a la señora que va sentada en la silla destinada para estos casos, si se puede parar para dejarlo sentar. La señora en cuestión, de unos cincuenta años, tiene mucho cuidado con su vestir: lleva unos tacones altos -a mi parecer más de lo recomendable- que combinan perfectamente con su pantalón y las gafas. Se le ve un poco cansada y se puede entender, pues a sus pies lleva las compras de ropa de diseño que ha hecho durante el día. Cuando el pasajero le pregunta si le puede ceder el puesto para que usted se siente con su bebé y pueda descansar, pero sobretodo, para ir con mayor seguridad, la señora con la voz necesaria para que todo el bus la pueda escuchar le dice que "No. Estoy cansada y no quiero pararme. Si quiere deme el bebé y yo lo llevo, pero no me paro". El silencio se apodera del bus y ante la pregunta de porqué lo hace, ella, en un gesto consciente y casi ensayado, da un argumento que hizo que el silencio fuera más grande "pues como se le ocurre que me pare, acaso cuando se suben criaturas me ceden el puesto?"... "es decir, que usted no lo hace -replica el pasajero- porque las criaturas no lo hacen?"... "¡Si, y qué!".

Ante esta respuesta, el silencio desaparece y quienes oyeron las razones de la señora, no hacen más que recriminarla. Ella, inmutable, mira por la ventana. El tipo de comentarios y el tono fue variado. Como usted tiene cansancio y teme que el bullicio despierte a su hijo, hace lo mismo que la señora, guarda silencio y mira por la ventana. Pero no puede evitar ver las miradas de la otra gente. Cuando le miran a usted, siente la solidaridad y la incomprensión ante los argumentos de la señora. En cambio, cuando la miran a ella, ve claramente las miradas de reprobación ante su actitud, incluso, casi de desprecio. Las miradas, como un péndulo, le miran a usted y la miran a ella. Eso si, en todo este intercambio de miradas, usted sigue de pie, el bebé está a punto de despertarse y las personas que están cómodamente sentadas frente a usted, no dejan de comentar entre ellas lo que acaba de ver, e incluso le dejan saber a usted, con sus miradas y con un leve movimiento de la cabeza, "es el colmo que esto ocurra".

Mientras pasa todo esto, el autobús ha seguido su recorrido. Usted llega a su parada sin haberse sentado y con el bebé entre dormido y despierto. Se baja con el corazón lleno de miradas solidarias ante su situación y con las piernas cansadas de estar de pie. La gente que estaba sentada, sigue su recorrido sin dejar de mirarle y expresar su solidaridad por lo que acaban de vivir. Usted siente que la solidaridad es sincera, que están con usted y reprueban la actitud de la señora, sin embargo, como muchas veces ocurre, lo que usted necesitaba no era la solidaridad de miradas, usted necesitaba algo mucho más sencillo. Una silla para ir con mayor seguridad.

Al llegar a la casa, piensa que quizás la sinceridad de la señora que se negó a pararse es mucho más transparente que las miradas de las demás personas. Y te asustas. La respetas por su sinceridad, e incluso puedes admirarla por expresar su opinión tan abiertamente, pero no quieres ser como ella.

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas veces, nos gusta mirar la paja en el ojo ajeno, y no vemos la que tenemos en nuestros ojos. E realidad la responsabilidad social es un acto o gestion de coherencia de lo que creo bueno con lo que hago y quiero.
Saludos,
Jose Purizaca
Peru

Oscar Chamat dijo...

Jose,

Gracias por el comentario... de hecho lo de coherencia fue lo que me llevó a escribir la entrada. Creo que nos hace falta esa coherencia entre nuestras ideas y nuestras acciones, aunque también es cierto que en un mundo como el que vivimos hay ocasiones que resulta complicado mantener nuestra coherencia... aunque esta situación no es una de esas.

Hasta pronto

omchamat

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