Hambre cero

. viernes, 18 de noviembre de 2011

Por Cristina Almirall. En 2003, recién elegido Luís Ignacio Lula Da Silva como Presidente en Brasil, se puso en marcha un programa contra el hambre que pareció a muchos más una utopía que una realidad.

El Programa “Hambre Cero” se creó para acabar con el hambre y garantizar la seguridad alimentaria y nutricional de los brasileños y brasileñas y despertó las conciencias de la ciudadanía obteniendo un apoyo masivo.

Esta semana el Programa Mundial de Alimentos y el gobierno de Brasil, con sede en Brasilia, han inaugurado un Centro de Excelencia contra el Hambre para ayudar a América Latina, Asia y África a implementar modelos sostenibles de alimentación.

“Hambre Cero” es un programa completo e integral pues quiere erradicar el hambre, y garantizar que cada brasileño y brasileña pobre pueda comer tres veces al día, y además garantizar que las familias puedan alimentarse a través de sus propios medios.

El Programa “Hambre Cero” consiste hoy en un conjunto de más de 30 programas complementarios dirigidos a combatir las causas del hambre y la inseguridad alimentaria, implementados con el apoyo del Gobierno Federal.

Con estos programas, entre otros, Brasil pretende cumplir con su compromiso de alcanzar los Objetivos del Milenio (ODM), no solamente la primera meta relacionada con la reducción del hambre y la pobreza, sino que también las metas relacionadas con la salud, la educación, el medio ambiente y la igualdad de género. La coordinación del “Hambre Cero” es realizada por el Ministerio de Desarrollo Social y Lucha contra el Hambre (MDS).

Los principales programas son:

-Bolsa Familia, un programa dirigido a las familias pobres consistente en un ingresos económico para la asistencia de los niños y niñas en la escuela y los controles de la salud.

-Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE), que garantiza alimentación escolar de los niños y niñas de preescolar y enseñanza básica pública.

-Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (PRONAF), que ayuda al acceso de los servicios técnicos y del crédito a pequeños agricultores.

-Programa de adquisición de alimentos (PAA), que promueve la compra de alimentos de pequeños agricultores, para abastecer localmente a instituciones de la
red de protección social.

-Programa de construcción de Cisternas para recolectar y almacenar agua de lluvia, para uso doméstico en zonas semiáridas del Nordeste del país.

Hay que decir que del Programa funciona divido en tres fundamentos:

El primero tiene que ver con llegar a las once millones cuatrocientas mil familias de Brasil que viven por debajo del umbral de la pobreza, que son estas 44 millones de personas que tienen hambre o desnutrición. Para evitarlo, cada familia recibe unos 73 reales al mes, que son como 27 dólares, más 5 dólares por cada uno hasta tres hijos en edad escolar. Y si tienen alguna persona con más de 65 años de edad en la casa, recibe un salario mínimo que son como 80 dólares.

En segundo lugar se hayan las políticas de cambios estructurales. Se basa en el lema que no hay solución para el hambre sino hay reforma agraria, saneamiento de viviendas, y se crean condiciones para que la gente produzca y tenga trabajo.

Así, cuando Hambre Cero tiene que formar canastas básicas de alimentos jamás compra a comercios, sino que compra directamente a la agricultura familiar. Entonces este dinero que cada mes se ingresan en los pequeños municipios tanto de las becas como de la venta de la agricultura familiar reactiva la economía local, creando puestos de trabajo.

Finalmente el tercer fundamento del Hambre Cero es la educación ciudadana: transmitir a la gente nuevos paradigmas y valores. El Programa sigue el método de Paulo Freire de Educación Popular. Este método ayuda a trabajar con la gente más pobre porque implica darles el protagonismo. En dar confianza en que son capaces, y que pueden salir adelante.

Para ello hay un equipo de Educación Popular con 700 educadores voluntarios y en cada ciudad Hambre Cero hay un comité compuesto por 3 personas designadas por el poder público y seis elegidas por las organizaciones de la sociedad civil, todas voluntarias, que llevan a cabo el proyecto.

De hecho, Hambre Cero está triunfando porque tiene una red de participación voluntaria muy fuerte. Tanto de organizaciones públicas, religiosas, como civiles, como de empresas. Todas ellas colaborando por la salud, la educación y la vivienda.

Sin embargo todavía queda mucho por hacer. Aunque es extraordinario lo que Brasil ha alcanzado durante los últimos años construyendo sobre las bases de programas anteriores pero extendiendo su alcance, aumentando la inversión de recursos, y agregando nuevos componentes.

El programa ha conseguido reducir la desnutrición infantil en un 60%. Ha multiplicado por 8 el crédito para la pequeña agricultura, y reducir la pobreza rural un 15%.

Y ha contribuido a sacar a unos 28 millones de la pobreza. Y cada día se sirven comidas tres veces al día a 47 millones de niños y niñas.

Supongo que llegados a este punto se estará preguntando: ¿Si este programa funciona, por qué no se lleva a cabo de manera inminente en otros países? Pues esperemos por el bien de los 1.000 millones de personas que pasan hambre en el mundo que se haga por fin.